La Entrevista
El club de lectura al que pertenezco se especializa en temas esotéricos, aquellos que están en los márgenes del conocimiento tradicional. Después de haber convivido socialmente con algunos de ellos, me habían hablaron de una forma de aumentar la capacidad de la mente, de expandir el rango de los sentidos. Me mostré escéptico al principio, como de todos los temas que discutíamos, pero admito que despertó mi interés casi al instante.
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- Es una sencilla entrevista, te puedo dar la dirección. – me dijo Raúl, el más viejo del grupo.
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- ¿Y tú ya fuiste? – le pregunté, todavía escéptico.
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- Pues, si, pero no pasé la prueba, digo... la entrevista. – contestó a la vez que trataba de calmar el tic nervioso de su mano que a veces temblaba.
No le di importancia ni lo tomé en serio pues Raúl era el que se pasaba hablando de las cosas más increíbles y ridículas – el chupacabras y cosas de esas. Pasaron varias sesiones del club y en una de ellas Catalina, otro miembro del grupo mencionó el mismo tema. Le preste más atención pues ella era más sensata, en las conversaciones que habíamos tenido mostraba una aguda inteligencia. Cuando tuvimos un momento aparte del resto del grupo charlamos un poco de cine y después de una pausa en la conversación me miro fijamente y su tono cambió a uno más bajo.
- ¿Raúl te dijo de la entrevista? Normalmente tendrías razón en no hacerle caso, dice puras tontadas, pero en esto tiene razón. Es una buena oportunidad... para la persona correcta.
- Sí, si me lo mencionó, pero fue muy escaso en los detalles, ¿exactamente de qué se trata?
Catalina miró alrededor para asegurarse de que la conversación fuera privada y contestó.
- Es un club, como el nuestro pero en otro nivel. Te ayudan a liberar no solo tu inteligencia sino los poderes mentales que todos tenemos. No te puedo decir más, entenderás que quieran su privacidad. Y antes de que lo preguntes, sí, yo he tomado la entrevista y soy parte de ellos. Te he observado y pienso que podrías beneficiarte de esto. No eres crédulo, tu escepticismo muestra una perspicacia y poder de análisis. Sí, creo que sería un buen candidato.
Escuche en silencio, con la cabeza baja mientras terminaba lo que obviamente era un intento de reclutamiento. Tome un momento para digerir lo que me dijo.
- ¿Un candidato para qué? una secta?
Ofendida, me miró con leve enojo.
- No seas ridículo, esta es la oportunidad de al fin ir más allá de estúpidas teorías de conspiración. Toma, esta es la dirección. Ve a cualquier hora, día o noche. Solo recuerda esto, lo importante no es ganar, sino mantener la cordura.
Me dio una tarjeta de presentación sin nombre ni teléfono, solo una dirección y una pequeña imagen de una pieza de ajedrez – el rey. Con eso se alejó y sin una palabra más se fue de la junta. Nunca más regresó.
Le di vueltas a la conversación durante días. A diferencia de Raúl, Catalina era de las más centradas del club de lectura. Por fin me decidí y una tarde caminé hacia la entrevista con algo de ansiedad, tal vez hasta miedo. Porque ¿era de verdad una entrevista, una prueba, una trampa o peor una perdida de tiempo?
Llegue a la dirección que estaba en una zona residencial de la ciudad. Entra las casas elegantes había un sencillo edificio de dos pisos con arquitectura de mediados del siglo XX, muy geométrico pero con una sutil elegancia.
Al acercarme a la puerta un guardia o portero vestido con un sobrio traje gris asentó la cabeza en forma de saludo.
- Lo esperábamos. Dijo señalando la puerta y dio un par de pasos hacia un lado, fingiendo ser casual pero era obvio que no quería estar cerca cuando se abriera la puerta.
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- ¿Entro así nomás?
- Yo no puedo seguirlo, le deseo suerte, pero a mis años, pues... Pero le recuerdo que lo importante no es ganar, sino mantener la cordura.
Al oír la frase asenté la cabeza en señal de reconocimiento, como si compartiéramos un conocimiento secreto.
Trepidante caminé hacia la puerta, pero antes de cruzar vi una pequeña placa dorada al lado del edificio, una pieza de ajedrez.
- Por supuesto -pensé- el ajedrez, símbolo de la inteligencia, la estrategia. Tal vez demasiado obvio pero no le di más importancia.
Crucé un pasillo con una fría iluminación y al fondo otra puerta. No había portero esta vez y por última vez pensé en dar la vuelta. Esto significaría no ser invitado a regresar, no me lo habían dicho pero para mí era obvio. El temor al fracaso, la mediocridad me empujó a continuar. ¿Sería uno más del rebaño? No. Tome aire y como un buzo a punto de entrar en una cueva de la cual no sabe si hay salida, entré al cuarto.
Me sorprendieron dos cosas, primero que la placa de las puerta no era solo simbólica sino literal, había un tablero de ajedrez en el centro, sobre una mesa especialmente diseñada para el juego con orillas cubiertas de piel para apoyar los brazos. Lo segundo era la persona sentada en un extremo del tablero, mi oponente por supuesto – un joven. Me incorporé de la sorpresa rápidamente ya que bien sabía que en esta época había muchos grandes maestros de ajedrez muy jóvenes incluso adolescentes.
El joven señalo la silla, invitándome a sentarme.
- Un placer tenerlo aquí. ¿Me concede una partida amistosa? lo importante no es ganar, sino mantener la cordura.
- Por supuesto. - contesté.
Me senté y vi que jugaba con las blancas, ¿acaso me ofrecía un ventaja? No debía pensarlo demasiado, debía concentrarme y no dejar que mi mente divagara en trivialidades. Miré hacia los lados del tablero buscando...
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- No necesitamos el reloj, como le dije, es una partida amistosa. Je, je.
- Claro.
Decidí no complicar las cosas y empecé con la apertura española, moví mi peón a e4. Sin quitarme los ojos de encima y con una leve sonrisa mi oponente movió su propio peón a e5, como es lo usual. La partida continuó en forma normal.
Mi oponente tenía la sonrisa congelada, como si fuera una máscara y de repente vi un temblor en su rostro, como un espasmo que abría su boca más allá de lo humanamente posible revelando pequeños dientes filosos. Al ver que me di cuenta su rostro se incorporó de nuevo como si fuera líquido.
- Es su jugada – dijo con una voz demasiado baja para un joven de su edad.
Bajé la mirada y finjí concentrarme en el tablero pero me distrajo un sonido, como el crujir de hojas secas, al levantar la mirada quedé casi congelado del terror. El joven se había transformado en una bella mujer. Digo transformado porque todavía pude ver rastros del joven en su cara que no terminaba de formarse al igual que su mano derecha la cual se metamorfoseaba en forma
líquida para formar el brazo de la mujer. Lo último en formarse fue su boca, que con un crujir de hojas se formó, no sin antes ver como como la fila de dientes filosos se reacomodaban en una sonrisa.
¿Una ilusión? Alucinógenos en el aire? Hipnotismo?
Entonces este era la prueba - la confusión, ocupar mi mente con trucos. Traté de convencerme de esto pero el miedo no dejaba mi mente por completo, lo peor es que no podía dejar de mirar a la mujer (no es una mujer). Un elegante vestido color vino con un escote demasiado pronunciado para una “partida amistosa”.
Detrás de mi oponente la pared empezó a undular, a expandir y contraerse y aparte tomo un tono brilloso como si estuviera húmedo. Mi mente estaba en un torbellino de miedo, confusión y... locura? La mujer, la pared que ahora sí estaba seguro que se movía y era parte de un ser viviente cuyas dimensiones no alcanzaba a comprender.
No! Debía concentrarme en lo que sabía - el tablero de ajedrez. Pero incluso las piezas parecían moverse y desvanecerse. Por fin con un esfuerzo de concentración el tablero volvió a su forma original y moví el alfil, una jugada predecible pero segura, porque lo importante no es ganar, sino mantener la cordura.
La mujer movió su caballo, amenazando mi alfil y de pronto vi una apertura, en unos seis o siete movimientos más su reina estaría en una casilla débil. Debía mantener la calma, decidí arriesgarme y voltear las tablas a mi oponente – con una broma.
- Esa es tú jugada? Mi abuela hubiera jugado mejor y ella solo juega lotería.
El rostro de la mujer mostró confusión, y de nuevo vi los espasmos, esta vez más fuertes y no solo en la cara sino en todo su cuerpo. Los dientes afilados salieron de nuevo y su cabeza empezó a deformarse. De su cuello apareció otra boca, su vestido se descolgó de un hombro y de su seno desnudo donde debería estar el pezón - un ojo me miró.
Mi mente estaba al borde de la locura pero aún así traté de aferrarme a la realidad y tratar de convencerme que solo era una ilusión. Mire a los ojos (todos ellos) de mi oponente y traté de que no me temblara la voz mientras con un leve gesto cabeza apunté hacia el tablero.
- Es tu jugada.
El ente o lo que fuera, esta vez mostró enojo, o al menos eso es lo que percibí y los espasmos de su cuerpo fueron aún más pronunciados mientras trataba de mantener su forma física. Una mano con demasiados dedos movió una pieza. Yo moví, esta vez más seguro de lo que hacía. El ente siguió el juego, pero aparte del enojo percibí... ¿frustración, miedo?
Tal como lo había calculado, en seis movimientos tomé su reina. Mi oponente se quedó inmóvil, los espasmos cesaron. Observó el tablero por un largo rato, pero era obvio que su posición estaba perdida. De nuevo con el sonido de crujir de hojas secas el ente respiro profundamente y su cuerpo cambió ante mis ojos. No más la seductora mujer o el joven. Era Catalina.
- Buena partida. – dijo con una leve sonrisa, esta vez con dientes normales – Creo que hice una buena elección.
Pensé muy bien en mi siguiente frase y pregunté.
- ¿Logré mantener la cordura?
Los ojos de Catalina me estudiaron, en ellos había un brillo que no había notado antes.
- Encontrarás que tu definición de cordura está sobrevalorada. Especialmente en este lugar.
Al decir eso, la pared del fondo empezó a moverse de nuevo, o al menos lo que creía era una pared, ya que parecía alejarse a la vez que se movía revelando un universo que sabía que no era el mío. Lo que pensé que era el muro de la pared era en verdad el costado de una gigantesca serpiente que flotaba con gracia en el vacío de esta extraña dimensión.


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