La Caminata

 VERSIÓN 1 - Una escena normal.

Aún antes de despertar el día ya empezaba mal. Las presiones del trabajo me trajeron sueños incómodos, resquebrajados. No pesadillas, pero si imágenes medio formadas cuya incongruencia dejaban mi mente exhausta y confusa. Medio despierto decidí levantarme de la cama y prepararme para lo que sería sin duda un día problemático. Pero por lo menos la rutina del comienzo del día era facil, casi confortante. Ducha, vestirme, desayuno, salir de la casa y escuchar música en el camino al trabajo. Pero en uno de esos pasos hubo un percance, trivial pero que arruinaba el confort de la rutina, al abrir la puerta del refrigerados me acordé que no había huevos. Y no soy de esos que dicen “yo casi nunca desayuno” o aún más pedante, “yo solamente un cafecito y un pan con mermelada”. Yo necesito el kit completo: huevos, café, pan, jamón o chorizo, suficiente gasolina para enfrentar el día.

Con un suspiro de resignación decidí ir rápido a la tienda a un par de cuadras de mi casa y comprar huevos, no importa que llegue un poco tarde pues los problemas podían esperar. Salí de mi casa y me sorprendió una leve neblina. Esto era inusual pues vivo en una ciudad calurosa, pero no totalmente fuera de lo común. Decidí disfrutar de la caminata a la tienda, el fresco de la neblina y la muy difusa luz de la mañana. Cruce una avenida con algo de tráfico aunque no era todavía la hora pico. Caminé una cuadra más y llegué a la tienda, que sabía que abría desde muy temprano. Traté de recordar si necesitaba algo más y me acordé que el chorizo andaba bajo y compré un paquete junto con los huevos.

De regreso tomé una ruta levemente diferente caminando por el otro lado de la cuadra. La neblina no se había disipado y le daba un toque casi místico al ambiente urbano, y no sé si era mi imaginación pero hasta el ruido de los carros parecía más lejano. Yo había caminado esta misma ruta a la tienda docenas de veces pero por alguna razón esta vez se me hiso mas largo el recorrido. Por fin llegué a mi casa y me preparé mi desayuno, pero

mientras comía no cesaba el sentido de que algo había pasado en esa caminata, algo que me perdí...

VERSIÓN 2 - Se añade un elemento que rompe lo normal.

Aún antes de despertar el día ya empezaba mal. Las presiones del trabajo le trajeron sueños incómodos, resquebrajados. No pesadillas, pero si imágenes medio formadas cuya incongruencia dejaban a la mente exhausta y confusa. Lo único que recordaba del sueño era una joven mujer que se le acercaba y con cierto miedo en su voz le decía “No te pierdas”. Medio despierto decidió levantarse de la cama y prepararse para lo que sería sin duda un día problemático. Pero por lo menos la rutina del comienzo del día era fácil, casi confortante. Una ducha, vestirse, desayuno, salir de la casa y escuchar música en el camino al trabajo. Pero en uno de esos pasos hubo un percance, trivial pero que arruinaba el confort de la rutina, al abrir la puerta del refrigerados se acordó que no había huevos. Y él no era de esos que dicen “yo casi nunca desayuno” o aún más pedante, “yo solamente un cafecito y un pan con mermelada”. El necesitaba el kit completo: huevos, café, pan, jamón o chorizo, suficiente gasolina para enfrentar el día.

Con un suspiro de resignación decidió ir rápido a la tienda a un par de cuadras de su casa y comprar huevos, no importaba que llegara un poco tarde pues los problemas podían esperar.
Salió de la casa y lo sorprendió una leve neblina. Esto era inusual pues vivía en una ciudad calurosa, pero no totalmente fuera de lo común. Decidió disfrutar de la caminata a la tienda, el fresco de la neblina y la muy difusa luz de la mañana acrecentaban el sentido de calma . Al acercarse a una avenida, se le acercó una joven mujer que parecía muy sorprendida con su presencia, le sonrió pero antes de decirle buenos días ella dijo con voz dudosa “No te pierdas...”. Algo confundido con esa frase le respondió, “No me pierdo, yo vivo cerca de aquí”. La mujer parecía como si fuera a decir algo más pero solo se le quedó mirando. De repente recordó lo de los huevos (y también el trabajo que se acumularía si

llegaba demasiado tarde) y con una leve gesto de la mano a manera de despedida decidió seguir su camino y llegó a la tienda, que sabía que abría desde muy temprano. Trató de recordar si necesitaba algo más y se acordó que el chorizo andaba bajo y compró un paquete junto con los huevos.

De regreso para alargar un poco la agradable caminata tomó una ruta levemente diferente por el otro lado de la cuadra. La neblina no se había disipado y le daba un toque casi místico al ambiente urbano y hasta el ruido de los carros le parecía más lejano. Había caminado esta misma ruta a la tienda docenas de veces pero por alguna razón esta vez se le hiso mas largo el recorrido. Aunque las calles le eran familiares, las casas le parecían extrañas, el ambiente mismo parecía de ensueño, ¿acaso estaba dormido todavía? No todo era demasiado real, el peso de su cuerpo, la dureza del piso y sobre todo, el leve frío de la neblina que inhalaba. Seguía caminando pero aunque había casas, calles y árboles, todo el paisaje del entorno urbano, no podía encontrar el camino a su casa. ¿Cuanto había caminado? Por cuanto tiempo? Era difícil decirlo, podrían haber sido unos minutos, horas... o más.

Confundido y con una creciente ansiedad, siguió caminando, doblando una esquina aquí, cruzando otra calle allá. No se encontró con gente alguna, ¿dónde estaban todos? Y aunque sí vio carros estacionados, ninguno andando por las calles. De repente vio a la mujer en el otro lado de la cuadra, sintiéndose como un náufrago que ve un barco a la distancia, corrió hacia ella, desesperado. Sí era ella, la que le había hablado anteriormente, y al fin recordó, era ella la de su sueño, ahora lo sabía. Se le acercó, trepidante, temiendo que fuera una ilusión, estaba tan lleno de miedo que no sabía que decirle, que preguntarle, su mente todavía trataba en vano de encontrar una explicación lógica pero en su corazón sabía que en este lugar la razón no existía. La mujer solo le puso la mano en el hombro, lo miró con compasión y habló una sola frase: “Te lo dije. No te pierdas”.

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