El Abismo
Taller de Escritura de Terror - Ejercicio del miércoles 10 de diciembre.
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Relato con atmósfera opresiva.
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Con detalles que evoquen los sentidos.
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Sin diálogo.
El Abismo
Después de dos años de diseños y pruebas la batisfera estaba lista. La mínima tripulación de tres se alistaba para el descenso al abismo llamado La Tumba de Atlas. Harris, navegante y jefe de la tripulación, Moreau, oceanólogo, y Ramirez, especialista en minería marina. Cinco años antes un dron de la compañía Deep Ocean Mining había detectado rastros de cobre, iridio y osmio. Querían ser los primeros en explotar estos metales e invirtieron una fortuna sabiendo que les esperaban aún más riquezas.
La tripulación entro a la esfera hecha de acero aliada con diversos otros metales. El caparazón era liso, pintando de un brillante color amarillo. Una vanidad en verdad, ya que en el fondo del mar no hay luz ni colores, solo obscuridad absoluta.
El equipo de apoyo a bordo del buque Orestes repasó los últimos detalles. Los ejecutivos de la compañía, perfectamente a salvo y secos desde el centro de comando del buque, pretendían verse confiados y atentos al proceso, aunque realmente comprendieran poco del inmenso trabajo científico que hacía posible este momento. Su mundo eran las finanzas, ganancias y pérdidas, mercados y clientes.
Los tres exploradores subieron la escalera hacia la apertura de la batisfera, tomándose un momento para saludar a la tripulación del Orestes y otro momento para respirar hondo las últimas bocanadas de aire exterior antes de sumergirse. La gigantesca grúa que bajaría la batisfera se extendía del buque como el brazo de un gigante sosteniendo una manzana y la dejo caer al mar cuyas olas la tragaron con hambre.
La batisfera descendió lentamente y la luz del mundo de la superficie se fue atenuando hasta llegar a la oscuridad total. La tripulación estaba casi en silencio absoluto, atentos a los instrumentos de la nave, a cualquier indicio de algo fuera de la normal, pero en este mundo inexplorado, ¿que era verdaderamente lo normal?
Al descender más y más, la presión exterior aumentaba a niveles que ningún humano podría soportar, cualquier falla en la esfera sería la muerte segura. La tripulación aceptaba esto como un riesgo necesario a cambio del botín que podría estar en este abismo. Eran parte de una larga tradición de exploradores, algunos empujados por la aventura, la mayoría por la codicia. No eran los primeros ni serían los últimos en tomar este riesgo y el
mar estaba colmado con los cadáveres de aquellos que habían osado desafiar al abismo. ¿Acaso sus fantasmas rondaban el abismo, esperando que más almas se les unieran?
Extrañas criaturas rondaban la esfera, algunas nunca antes vistas por humanos, habitantes de una región de eterna oscuridad. De pronto Harris sintió un cambio en la presión interior. ¿Acaso un desperfecto en el sistema de ventilación? Imposible, los instrumentos indicaban todo en verde. Volteó y vio a Moreau muy inclinado viendo algo por la ventanilla. Su mirada era extraña, como viendo a lo lejos. ¿Pero como? Aún con las luces exteriores solo se podía ver una decena de metros alrededor. Por su parte Ramírez veía su panel de control con la misma mirada perdida y con una leve sonrisa. Su cabeza se inclinaba a un lado como queriendo escuchar mejor un sonido distante.
Al verlos, el mismo Harris entró en ese trance. Empezó a escuchar, no, más bien a sentir dentro de su mente un sonido, un sentimiento, un llamado. El lado racional de su mente intentó explicarlo – envenenamiento por CO2, electricidad estática causada por los instrumentos, desorientación por una oscuridad que no daba ningún indicio de arriba ni abajo, o una combinación de todo esto.
Harris no podía sacudir la idea que lo estaban llamando. Invitándole a quedarse para siempre en el abismo. La voces, porque ahora si sabía que eran voces, un canto seductor al cual no podía resistirse le decían que se uniera al mar, que fuera parte de él. Moreau, quien no cesaba de ver por la ventanilla puso sus manos sobre el vidrio, empujándolo, tratando de salir. Del otro lado del vidrio una mano de un pálido azul verde se poso sobre la suya. A través de la bruma del mar los reflectores revelaban una cara que era a la vez increíblemente bella y terrible. Seductora pero inhumana.
Moreau soltó un grito hondo, su voz incapaz de formar palabras coherentes y presionó el botón regulador de presión, dejando escapar el aire de la cápsula. Harris y Ramírez vieron a la criatura también, sonriente detrás del vidrio, su rostro fluctuaba entre mujer y bestia, entre lujuria y voracidad. Los tres tripulantes se vieron entre si, compartiendo un breve momento de cordura antes de que sus mentes cedieran al ululante canto de la sirena. En un instante, la batisfera se colapsó bajo la presión abrumante de las profundidades, matando de inmediato a los tres hombres. La sirena circuló la cápsula destruida, viendo a los espíritus que vagarían el fondo del mar para siempre.


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